LOS
HIJOS DE KENNEDY
de Robert Patrick, en el Teatro Cofidis de Madrid, desde el 11 de octubre de 2013.
de Robert Patrick, en el Teatro Cofidis de Madrid, desde el 11 de octubre de 2013.
Vuelven los sesenta…
otra vez
José María Pou dirige una vez más la obra de Robert Patrick que, según él, trata principalmente sobre el tema de la falta de comunicación. Trata sobre esa gente que, teniendo mucho que ofrecer, se queda sentada sin hacer nada. Los protagonistas son cinco figuras caídas de la década de los sesenta: un actor que impulsó la contracultura y el teatro underground, una aspirante a actriz que se quedó en el camino, la cronista oficial del movimiento hippie, una secretaria devota del presidente Kennedy y un pobre muchacho enviado sin miramientos a la guerra de Vietnam. A pesar de lo que pueda parecer, se trata en realidad de una obra muy divertida en la que los personajes están ya de vuelta de todo y hay un humor un tanto ácido.
El objetivo es reflejar aquella época, sin ánimo de hacer
una crítica ni a la sociedad de entonces ni a la de ahora, aunque sin duda el
espectador puede hacer una interesante reflexión acerca de ello. Se ha
respetado fielmente el texto original haciendo una traducción respetuosa y
actual a la vez, además de introducir mucha música de los sesenta. En palabras
de Pou “Quizá perdimos el sueño de aquella década porque se rompió abruptamente
pero sucedieron muchas cosas que marcaron todo lo que vendría después”. Figuras
como Marilyn, Martin Luther King o Kennedy idealizaron aquella época y nos han
dejado un legado cultural, literario y musical irrepetible.

Maribel Verdú afirma que los actores tienen la suerte de
poder llevar a cabo esa inmersión en otras épocas diferentes a la suya. Así hoy
por hoy ella se ha convertido en una verdadera experta en la guerra civil
española, por ejemplo. En el caso de la década de los sesenta es un tema que
realmente le apasiona por todo lo leído y todo lo que le han contado gente que
la vivió. En su opinión cualquier época está viva y eso se nota en el momento en
que los personajes hablan con el público.
Por su parte Fernando Cayo agradece la oportunidad de
representar a un personaje tan atrevido y lenguaraz como el suyo. Habla de
recuerdos en tono melancólico pero a la vez con un gran sentido del humor
haciendo que su discurso vaya desde el diálogo íntimo hasta el show cabaretero.
Define la obra como un espectáculo vivo y con mucha energía.
Fotos y comentario: © Javier León para Agolpedeefecto.
Publicado por Estrella Savirón, octubre 2013.